jueves, 23 de febrero de 2012
Un verano peludo
El gato que podía ser el amor de mi vida, la alegría de mis vacaciones, la
aventura de mi vida, terminó siendo como un ex convertido a
homosexual, el llanto con brote mental, la lección de mi vida.
Los gatitos tienen siete vidas, por eso no les cuesta nada hacerte la vida
imposible...si creen que te lo merecés.
Todo empezó con el muy peludo de no más de una semana o dos de
vida, subido al árbol más alto y con más ramas de todo el lugar.
Mis ganas de rescatarlo fueron más grandes que mi sentido de
responsabilidad.
En mi cabeza: no podía dejarlo así como así al pobrecito. Afuera, en la
realidad: casa llena de familiares que odian a los animales y, entre ellos,
una embarazada temiendo por la toxoplasmosis.
Mi novio que tiene unos huevos de dinosaurios así de grandes y
estirados por tanto hincharlos con esta novia cargosa, se puso la capa de
superhéroe recién lavada y me ayudó a rescatarlo.
Ese fue el momento exacto en que todo oscureció y una lluvia torrencial
hacía palmas acompañando esa orquesta demencial que estaba
comenzando.
Vueltas por acá, vueltas por allá para regarlarselo a alguien. Calor en mi
remera anunciando que el gato me había meado la remera que después
iría a parar a una bolsa de basura. No vayamos a enfermar a la
embarazada, ya enferma de nervios.
...Continuará (y mis días de spm siguen alargándose)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario